Sonorama Ribera 2025: Crónica Canalla de la 28ª edición más épica de la historia

Hay festivales que se cuentan y festivales que se sienten. Y luego está el Sonorama Ribera, donde las palabras siempre se quedan cortas.


Este 2025, la 28ª edición pasará a la historia como la más intensa, emotiva y brutal que hemos vivido. Y no lo digo solo yo, que fui con la bandera canalla desde Madrid, sino las más de 200.000 almas que pisaron Aranda de Duero.

El año pasado prometimos volver al Sonorama Ribera y cumplimos. Otro año más estuvimos allí, listos para darlo todo sin guardarnos nada. Según llegamos al recinto y entramos en la zona de prensa, aquello ya fue un festival dentro del festival: abrazos con los colegas del año pasado que nos habían acogido tan bien, a la seguridad del acceso hasta los camareros que ya nos tenían calados y preparadas las birras de Mahou. Porque aquí no eres un extraño, eres parte de una familia que cada agosto se reencuentra en Aranda de Duero.

Y claro, a nuestra tropa canalla se sumaron nuevos fichajes, porque en Sonorama siempre acabas conociendo gente que se queda para siempre. Este año fue el turno de Antonio, Gabriel y José, tres cracks con un rollo acojonante. Desde el primer momento hicimos match, como si lleváramos toda la vida juntos: risas, confidencias y esa conexión que solo pasa cuando compartes música, cerveza Mahou bien fría y ganas de liarla.

Pero basta de presentaciones. Vamos al festival, que es lo que importa.

La bienvenida: un arranque que encendió la mecha

El miércoles la panda aterrizó en Aranda con la adrenalina a tope y la nevera de cervezas Mahou lista para los brindis previos. Y nada más arrancar el festival nos dimos cuenta de que estábamos en territorio salvaje: Fermín Muguruza abrió con Sarri Sarri y la explanada se convirtió en un pogo masivo. Ese fue el punto de partida, el aviso de que lo que venía sería grande, sudoroso y memorable.

El ambiente no tardó en atraparnos. La música mandaba, los escenarios rugían y los colegas ya estaban gritando “esto va a ser histórico”. No nos equivocamos.

Jueves de himnos: Viva Suecia toma el mando

La segunda jornada tuvo un claro vencedor: Viva Suecia. Ya no necesitan presentación, pero cada vez que pisan Sonorama se superan. Himno tras himno, lograron que el público se entregara como si no existiera un mañana. Nuestra panda estaba en modo karaoke, cantando cada tema como si fuéramos parte de la banda. Fue uno de esos conciertos que se te quedan grabados, no solo por la música, sino por la complicidad que generan con la gente.

Ese jueves también trajo la parte internacional: Supergrass recordándonos que el rock no envejece, y dejando el terreno caliente para lo que vendría después.

Franz Ferdinand: el indie que incendió la madrugada

Si hay una banda que sabe cómo levantar a un festival entero, son ellos. Franz Ferdinand llegó de madrugada y lo partió. Energía, potencia y un repertorio que es dinamita pura. Cuando sonó Take Me Out, aquello fue una locura colectiva. Saltos, gritos, abrazos, cerveza volando por los aires… uno de esos momentos que definen un festival.

Nuestra cuadrilla lo dio todo, sin reservas. Y al día siguiente, con la voz rota, todavía nos mirábamos y repetíamos: “qué barbaridad lo de Franz”.

Barry B: orgullo local y emoción a flor de piel

El viernes también fue el día en que Barry B se consagró en casa. Salió al escenario principal con la seguridad de quien juega en su terreno y con la ilusión de quien sabe que está viviendo un sueño.

Fue un concierto lleno de momentos épicos: la aparición de su prima, superviviente de leucemia, para cantar junto a él; la colaboración con Gara Durán; y esa locura de bajarse del escenario junto a Diego de Carolina Durante para cantar entre el público. Barry B arrasó, dejó claro que es presente y futuro, y que lo suyo va mucho más allá de ser “el chico de Aranda”.

Amaia y la autenticidad que desarma

El sábado, antes de la tormenta final, llegó Amaia. Y volvió a demostrar por qué es una de las artistas más especiales del panorama nacional. Naturalidad absoluta, talento en cada acorde, carisma sin esfuerzo. Pasó del arpa a la coreografía sin despeinarse, y dejó al público en un estado de fascinación colectiva. Amaia no se parece a nadie, y ese es su poder.

Arde Bogotá: el eclipse que lo cambió todo

Pero el sábado tenía un dueño: Arde Bogotá. La banda cartagenera regresó al lugar que ya es su casa y nos regaló un concierto para la historia. Su espectáculo Eclipse sonó apoteósico, con miles de gargantas acompañando cada tema. Fue emotivo, fue épico y fue la confirmación de que hoy por hoy son la banda más importante de España.

Antes de que arrancara su show, el cielo se iluminó con un espectáculo de drones que nos dejó a todos con la boca abierta. Un mosaico de símbolos, mensajes y recuerdos que convirtieron la explanada en un lugar mágico. No hubo mejor introducción para lo que estaba a punto de pasar.

Escenarios urbanos: la esencia del Sonorama

Más allá del recinto principal, el Sonorama Ribera también se vive en sus escenarios urbanos. Este año brillaron con fuerza:

  • El Trigo-Vibra Mahou fue un hervidero de sorpresas con Despistaos, Siloé, Besmaya, Alcalá Norte y Carlos Ares.
  • El escenario Charco siguió consolidándose como parada obligatoria, con propuestas frescas y potentes.
  • Y la novedad del Big Bang del CERN, que demostró que la ciencia también puede llenar un escenario y sorprender a lo grande.

Esos conciertos más cercanos, más improvisados, son los que hacen que Sonorama sea distinto a todo lo demás.

La otra cara del festival: solidaridad y comunidad

Sonorama no se limita a la música. Este año volvió a demostrar su compromiso con la gente y con su entorno. La subasta solidaria recaudó fondos para los afectados por la DANA; el equipo de accesibilidad permitió que todo el mundo pudiera disfrutar sin barreras; y más de 1.800 trabajadores hicieron posible que todo funcionara como un reloj.

Además, el impacto económico en Aranda es brutal: más de 18 millones de euros en 2024, y en 2025 la cifra apunta aún más arriba. Es un festival que no solo emociona, también construye.

@revistamadridcanalla

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Descubrimiento canalla

Siempre volvemos de Sonorama con la mochila cargada de nuevos descubrimientos. Y este año hubo un nombre que se nos quedó grabado a fuego: Siloé. La banda vallisoletana nos dio una auténtica lección de cómo se hace música de verdad, con temazos que no solo suenan, sino que también dicen cosas. Ya los teníamos fichados de antes, pero lo que hicieron en Aranda fue otra historia: un espectáculo redondo, potente y con un mensaje que te atraviesa.

Lo nuestro con ellos fue un flechazo inmediato. Tanto, que en cuanto acabaron el concierto nos quedó claro: Siloé pasa a estar en nuestra lista roja, de esas bandas a las que no se les perdona ni una gira. Allí donde toquen, allí nos tendrán, cerveza en mano y garganta lista para corear.

La resaca de Sonorama (la buena y la mala)

Domingo llegó con el concierto sorpresa de Carlos Ares, que puso el broche final a una semana inolvidable. Nosotros ya estábamos con las fuerzas justas, las gargantas al límite y la certeza de que habíamos vivido algo grande.

La resaca emocional es tan fuerte como la otra. Vuelves con agujetas, con la voz rota, pero también con recuerdos que valen oro: canciones compartidas, risas que no se olvidan y la sensación de haber estado en el epicentro de algo único.

Pensando en 2026: ¿repetimos la jugada?

La 29ª edición ya está en marcha y la promesa es clara: será única, auténtica e inolvidable. Nosotros, por supuesto, ya tenemos la decisión tomada: volveremos. Con más colegas, con más ganas y con la misma actitud canalla que nos caracteriza.

Porque Sonorama Ribera no se explica, se vive. Y nosotros ya lo tenemos claro: en Aranda de Duero no vamos a pasar desapercibidos. Volvemos a liarla, y eso ya está escrito en el calendario.

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