¿Solo consumes drogas los fines de semana? Tu cuerpo no entiende de viernes y sábado
Hay una frase que aparece mucho cuando se habla de drogas: «Yo controlo». Y puede ser verdad. Una persona puede consumir de manera puntual, no tener una dependencia y hacer una vida completamente normal. El problema aparece cuando confundimos consumo ocasional con consumo sin riesgos.
POR MADRIDCANALLA
Porque el cuerpo no sabe si es viernes, sábado o martes. Tampoco entiende demasiado de excusas, planes con amigos o de ese «solo lo hago cuando salgo». Las sustancias entran en el organismo y pueden tener consecuencias incluso cuando el consumo no forma parte de la rutina diaria.
Y aquí viene una de las preguntas que más interesa responder: ¿se puede ser adicto a las drogas aunque solo se consuman los fines de semana?
La respuesta no es un sí o un no automático.
Según explica Hugo López, vicepresidente de Socidrogalcohol, algunas personas que consumen únicamente durante el fin de semana pueden desarrollar una adicción y otras no. La diferencia está en cómo ese consumo afecta a su vida y, especialmente, en la capacidad que tenga la persona para controlar cuándo, cuánto y cómo consume.
Cuando empiezan a aparecer problemas en el trabajo, en la salud física, en la salud mental o en otros ámbitos de la vida, la situación cambia. Ya no hablamos simplemente de alguien que consume de manera esporádica.
El problema no empieza necesariamente con la adicción
Cuando escuchamos la palabra droga solemos pensar inmediatamente en dependencia. Pero hay un terreno mucho más amplio entre «no tengo ningún problema» y «soy adicto».
La cantidad y la frecuencia influyen en los riesgos. Cuanto mayor sea el consumo, mayor puede ser el impacto sobre la salud física y mental. Pero eso tampoco significa que una cantidad pequeña sea automáticamente segura.
Las consecuencias también dependen de la sustancia concreta. No todas funcionan de la misma manera ni provocan los mismos efectos.
Entre los problemas físicos que pueden aparecer se encuentran las arritmias, la hipertensión, el riesgo de cardiopatía isquémica y los accidentes cerebrovasculares.
Y hay algo especialmente importante: algunas complicaciones pueden aparecer de manera brusca. No hace falta que exista una historia de años de consumo para que pueda producirse un problema grave.

El cerebro tampoco se libra
El sistema nervioso también puede verse afectado por el consumo de drogas. Entre las posibles consecuencias se encuentran cuadros de agitación, convulsiones o coma.
Uno de los riesgos que más preocupa son los accidentes cerebrovasculares. El consumo de sustancias ilícitas aparece relacionado con una parte de los ictus que se producen en personas menores de 50 años. Según los datos recogidos en la información de referencia, alrededor del 30% de las personas menores de esa edad que han sufrido un ictus afirma haber consumido sustancias ilícitas previamente.
Y aquí hay una cuestión que conviene tener clara: el riesgo no queda reservado exclusivamente a situaciones de sobredosis o dependencia.
El consumo de cocaína, incluso en un único día, puede producir daños cerebrales. Entre los mecanismos posibles están las alteraciones de los vasos sanguíneos, las emergencias hipertensivas, los aneurismas o los vasoespasmos, que provocan un estrechamiento de las arterias.
El resultado puede ser una falta de riego sanguíneo, lo que se conoce como ictus isquémico, o una rotura de una arteria.
Dicho de una manera bastante menos técnica: una noche puede terminar teniendo consecuencias que nadie había metido en el plan.
Y luego está la cabeza
Hablar de drogas únicamente desde el corazón, las arterias o el cerebro deja fuera otra parte importante: la salud mental.
La ansiedad y la depresión aparecen con frecuencia entre las personas que tienen problemas de adicción. También puede existir ideación suicida, una realidad especialmente seria que requiere atención profesional.
Los datos de Proyecto Hombre recogidos en la información de referencia muestran una elevada presencia de estos problemas entre sus pacientes: tres de cada cuatro presentan ansiedad severa, seis de cada diez depresión severa y cerca de la mitad ideación suicida.
Además del sufrimiento psicológico, esta combinación puede complicar los tratamientos y empeorar el estado general de salud. También puede aumentar el riesgo de problemas laborales y situaciones de exclusión social.
Por eso tampoco tiene demasiado sentido reducir la conversación a «las drogas son malas». Hay personas que consumen, personas que tienen problemas con ese consumo y personas que terminan necesitando ayuda. Son situaciones diferentes.

Entonces, ¿cuándo debería saltar la alarma?
Una de las claves está en la capacidad de control.
Si alguien necesita consumir cada vez que sale, si no consigue limitar lo que tenía previsto tomar, si empieza a tener problemas personales, si su salud se resiente o si el consumo comienza a ocupar demasiado espacio en su vida, merece la pena parar y mirar qué está ocurriendo.
También existen factores que pueden aumentar el riesgo de desarrollar una dependencia, incluso cuando el consumo se concentra en los fines de semana. Entre ellos están la genética, determinados factores ambientales, situaciones socioeconómicas desfavorables o problemas previos de salud mental.
Y aquí queremos quedarnos con una idea sencilla para nuestros canallas: no hace falta esperar a tocar fondo para pedir ayuda.
Hablar de drogas sin juzgar a quien consume es posible. De hecho, es necesario. Hay gente que consume de forma ocasional y no desarrolla una dependencia, y también hay personas que empiezan pensando que tienen perfectamente controlada la situación y terminan descubriendo que no era así.
Cuidarse tampoco significa vivir con miedo ni convertir cada noche que salgas de fiesta en consumir. Significa conocer los riesgos, saber reconocer las señales y entender que el famoso «yo controlo» solo sirve si realmente existe ese control.
Porque salir, bailar, beber unas cañas o disfrutar de la noche forma parte de la vida madrileña de muchos de nosotros. Pero si una sustancia empieza a mandar más que tú, ahí ya tenemos un problema.
Y ese problema no tiene nada de vergonzoso. Pedir ayuda tampoco.
Si consumes, escucha a tu cuerpo. Si notas que cada vez necesitas más, que te cuesta parar o que el consumo empieza a meterse en tu cabeza, en tus relaciones, en el curro o en tu salud, quizá toca levantar el pie y pedir ayuda.
Ser canalla consiste en disfrutar y exprimir el finde siempre y cuando el lunes sigues siendo tú quien lleva el volante.