Cuando la «Costa de la Sierra» se convirtió en la capital de la noche madrileña

Cuando la «Costa de la Sierra» se convirtió en la capital de la noche madrileña

En este artículo retrocedemos a los años 80, 90 y principios del 2000. Antes de que los festivales llegarán, la Sierra de Madrid tenía una baza que atraía a miles de jóvenes y no tan jóvenes cada fin de semana, una concentración de discotecas, pubs y garitos qué convirtió la sierra en territorio de la mejor juerga. Aquello fue llamado como la «Costa de la Sierra», y quienes la vivieron saben que no era precisamente un lugar para quedarse en casa.


Hubo una época en la que, sí tenías ganas de salir por Madrid y alrededores, no hacía falta plantarte en el centro de la capital. Bastaba con tirar hacia la sierra, buscar la N-VI y dejarte llevar por el ruido de una zona que se había convertido en uno de los grandes puntos de encuentro nocturno de los años 90.

Collado Villalba era mucho más que un municipio de paso camino de la montaña. Durante aquellos años se transformó en un imán para los jóvenes de toda la comarca y también para quienes llegaban desde Madrid capital. El reclamo tenía nombre propio: La Costa de la Sierra.

El invento de sacar los bares de copas del Madrid y concentrarlos en zonas periféricas ya había dado que hablar en otros puntos de la Comunidad de Madrid. Alcorcón fue famosa por tener su Costa Polvoranca, este polígono llegó a tener en 1992 más de 50 locales que en las noches más «locas» albergaban a más de 15.000 personas. Pero por diferentes altercados, y tras el asesinato de un vecino de Alcorcón de 20 años en manos de unos cabezas rapadas, empezó a extinguirse. Cuando Polvoranca empezó a perder fuelle, Villalba tomó el relevo y se colocó en el mapa de la noche madrileña.

La receta parecía sencilla: reunir un buen puñado de locales, poner música, abrir las puertas y dejar que el personal hiciera el resto. En la práctica, aquello generó un movimiento que iba mucho más allá de las copas. Había desplazamientos desde otros municipios, cenas antes de salir, botellones previos con colegas, coches llenos de amigos, encuentros improvisados y noches que terminaban bastante después de lo previsto.

La sierra tenía su propio circuito de fiesta. Y Collado Villalba estaba en el centro de la jugada.

Pachá, Testa, Sydney y compañía: nombres que todavía se recuerdan

Quien vivió aquellas noches seguramente reconocerá unos cuantos nombres sin necesidad de consultar ninguna hemeroteca.

Boss, Testa, Sydney, Momos y Porche figuraban entre los locales que daban vida a la zona de la vía de servicio de la N-VI. Una veintena de establecimientos llegó a concentrar a miles de jóvenes durante los fines de semana, especialmente en la temporada de verano y los findes.

La Costa de Villalba se había convertido en una referencia. No era necesario conocer a todo el mundo: bastaba con aparecer por allí para encontrarte con caras conocidas, gente de otros pueblos y pandillas que habían elegido el mismo destino para quemar la noche.

imagen creada por la IA
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El propio Ayuntamiento reconocía entonces el tirón de la zona. Llegaba gente de toda la sierra e incluso de Madrid, y aquel movimiento se consideraba un atractivo para el municipio durante las noches de verano.

Edificio Europa: el corazón de la marcha se trasladó al centro

Mientras la zona de la N-VI marcaba el ritmo, el centro de Collado Villalba también empezaba a reclamar su protagonismo. A principios de los 90, el Edificio Europa, en la travesía de Bailén, se convirtió en uno de los puntos calientes de la noche.

La fiesta se concentraba entre la avenida de Batalla de Bailén y la actual avenida de Juan Carlos I. Allí se fueron instalando bares de copas, pubs y pequeñas discotecas que atraían a cientos de jóvenes de distintos municipios de la sierra.

Plató, Stadio, Chelsea, Topete, La Vicaria, El Judas, Choice, el Bar de Boss y Borsalino eran algunos de los nombres que formaban parte de aquel paisaje nocturno. Locales diferentes, ambientes propios y una misma misión, ofrecer un lugar donde encontrarse, escuchar música y estirar el fin de semana hasta que el reloj dijera basta. Cada «garito» tenía su target de gente, unos más pijos, otros más macarras, la cuestión era encontrarse a gusto en el lugar adecuado y encontrar la música con la que te sentías identificado.

Imagen creada por la IA
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En aquellos tiempos también había horarios de cierre, pero no como ahora, cuando a partir de las tres de la madrugada empezaba a cerrar el Edificio Europa, había otros locales que te daban pie para continuar la fiesta, como, Joker, La Bruja, la Sal o la Frontera, en Villalba-Pueblo, recogían parte de aquel público que todavía tenía ganas de continuar.

La noche funcionaba como un circuito. Un local llevaba al siguiente, las pandillas se movían de un sitio a otro y el municipio mantenía actividad durante buena parte de la madrugada. Para los jóvenes, aquello era ocio. Para los negocios, una oportunidad económica. Para Villalba, una identidad nocturna que no se construía de un día para otro.

En el momento que ya querías darlo todo en la noche, pasabas a la Via de Servicio en el kilometro 38 de Villalba, donde esperaban las mejores discotecas de la sierra, aquellas eran, Testa, Sidney, momos, Boss, menos Testa, las otras discotecas tuvieron nombres diferentes, como Ko Loco, Graduado, Wawa, Pacha. Las noches de verano lucían las discotecas con terrazas al aire libre, música y baile en los jardines de cada discoteca. En Boss había una gran piscina, en Sidney barbacoa para paliar el hambre. En el cielo veías los focos en movimiento junto a las estrellas que auguraban noches locas entre amigxs.

Ahí no finalizaba la madrugada, si te molaba ver amanecer, la música electrónica y el techno, existían discotecas tipo after como el Van Vas o el Ya Exta. En el Van Vas pincharon Dj´s de gran reputación como fueron Dj Pepo, considerado el auténtico «dueño y señor»de las sesiones de Van Vas. Óscar Mulero, Cristian Varela y figuras internacionales como, Marco carola, marBailey, Redhead. El Van Vas inicio su andadura en 1984, hasta entrados los 2.000.

La concentración de bares y pubs generaba molestias entre los vecinos y la presión sobre el Ayuntamiento fue aumentando.

A partir del año 2000 llegó una decisión que marcó un antes y un después: el Consistorio precintó la primera planta del Edificio Europa, donde se encontraban once bares de copas. Aquel cierre puso fin a una fórmula que había concentrado buena parte de la marcha juvenil en un mismo edificio. La medida no borró de golpe la vida nocturna de Villalba, pero sí dejó una señal clara de que aquel modelo tenía los días contados. Poco después se encargarían de ir desapareciendo todo el ocio que relucía en la sierra.

Lo que llegó a ser la Sierra de Madrid por aquellos años en el verano

En aquellos años, la mayoría de colegas tenían sus padres la segunda residencia de verano en la sierra, daba igual en qué pueblo fuera, urbanización, pero para que te hagas una idea canalla de lo que estamo hablando, por estudios que hemos podido verificar, Villalba en aquella época pasaba de tener una población de 33.600 habitantes a llegar a los 110.000 en verano. Guadarrama otro de los pueblos punteros pasaba de 10.000 a 60.000 habitantes y en El Escorial de 10.000 a 60.000 habitantes. Era una brutalidad de veraneantes que venían con ganas de pasarlo bien. Por no hablar de otros pueblos típicos de veraneo de aquella época como, Galapagar, Colmenarejo, Los Molinos, Navacerrada, Becerril…En verano solo faltaba el mar en la costa de la sierra, el resto lo tenía. Tráfico abundante, las terrazas petadas, mercadillos, bares de las localidades llenos de veraneantes.

Una generación que todavía recuerda dónde empezó todo

Para mis hermanos mayores, la Costa de Villalba fue la época en la que salir con los colegas parecía un plan permanente. Para quienes llegamos después, todavía hubo tiempo de disfrutar de sus últimos años, conocer los locales y comprobar que la fama de aquella movida no había aparecido de la nada.

Cuando cumplí 18 años y empece a salir con mi «quinta» de colegas, entendí por qué mis hermanos apenas estaban en casa. Primero me parecía que siempre tenían algún plan. Después descubrí que Villalba ofrecía un recorrido nocturno en el que una parada llevaba a otra y en el que siempre había alguien con quien compartir la noche. Aluciné.

Eso es lo que hace que estos recuerdos tengan valor. No hablamos únicamente de discotecas antiguas ni de nombres que han desaparecido de los carteles. Hablamos de lugares donde se forjaron amistades, se vivieron primeras noches de libertad y se acumularon historias que todavía salen cuando un grupo de antiguos colegas se sienta a recordar.

La juventud de ahora

La gente joven actual de mi alrededor cuando contamos batallitas de los años 90, principios de los dos mil, se quedan con cara de WOW cuando comentamos (nuestra quinta de cuarentones y cincuentones) cómo era Madrid y la sierra durante aquellos años. Les hablas de aquellas concentraciones de bares, de las discotecas de Villalba, de los barrios madrileños con vida hasta la madrugada y de la facilidad para salir sin tener que preparar cada movimiento. Y cuesta explicarles qué aquello existió de verdad, que no estamos hablando de una leyenda inventada.

No se trata de decir que cualquier tiempo pasado fue mejor. En esos años también hubo muchos problemas, excesos, accidentes de tráfico, peleas, drogas, pero ante el aluvión de oferta que se tenía de ocio, esos problemas en ocasiones quedaban apartados, por la cantidad de masa social que movía la oferta.

Ahora toca mirar el presente. La sierra de Madrid se ha quedado en un sitio tranquilo, de descanso, dónde puedes ir a la montaña, pasear, relajarte, pero ya no encontrarás la oferta de ocio que hubo. De hecho la mayoría de pueblos de la sierra han crecido en población a lo largo de los años, pero apenas ya es de veraneo, la gente vive todo el año y prefiere el descanso. Lo respetamos. Pero ¿que pasa con la gente joven de ahora? ¿qué oferta de ocio les hemos dejado?. Hoy en día los pobres jóvenes ven perplejos aquellos tiempo que hablamos, porque ahora salir por la sierra es un imposible, apenas hay oferta de garitos de noche, menos aun discotecas cómo aquellas.

Los ayuntamientos de los municipios se encargaron de matar el ocio nocturno

Una vez echas la vista atrás cuesta reconocer lo que fue la sierra antiguamente. El lugar donde se encontraban las mejores discotecas de la sierra, en la vía de servicio de Villalba, lo único que encuentras ahora son concesionarios de coches enormes, un súper y poco más, todas las discotecas fueron demolidas por el ayto. El edificio Europa se encuentra alguna oficina, el único espacio de ocio que ha resistido ha sido La Frontera, aun permanece abierta siendo uno de los pocos espacios que queda abierto en la localidad.

¿Qué está pasando con nuestra noche?

Quizá va siendo hora de hacernos un examen de conciencia. Lo que ocurrió en la Costa de la Sierra también nos lleva a mirar hacia Madrid capital y preguntarnos qué está pasando con la juventud y con quienes ya no somos tan jóvenes. Cada vez quedan menos sitios donde salir, bailar y pasarlo bien sin dejarse un dineral.

Barrios que antes eran puro bullicio han ido perdiendo sus zonas de copas, sustituidas en muchos casos por restaurantes reconocidos, (que me parece estupendo) pero que no están al alcance de todos los bolsillos. A eso se suman discotecas con precios desorbitados, donde salir una noche puede dejarte más tieso que la mojama.

Hoy sigue habiendo movimiento, claro, pero en muchas zonas el ambiente ha cambiado. Hay compras, restaurantes y locales para cenar, pero cuando lo que te apetece es salir, tomarte unas copas y seguir disfrutando de la noche, la oferta parece cada vez más limitada. Y cuando llega eso de las dos y media de la madrugada, ¿dónde vas?, no hay mucha oferta para elegir. Zonas como las de antes en Alonso Martinez, Bilbao, Argüelles, Azca, Torre Europa, Bernabeú…Ya no es lo que era antes.

Quizá ha llegado el momento de preguntarnos qué estamos haciendo con nuestra noche. No se trata de vivir anclados en los años 80, 90 o 2000, sino de reconocer que aquellos barrios y aquellas zonas tenían una personalidad que se ha ido apagando.

Tanto Madrid como la sierra han cambiado. La pregunta es si de verdad queríamos perder aquella manera de vivir la noche o simplemente hemos dejado que desaparezca. Porque quienes la conocimos sabemos que hubo un tiempo en el que la noche parecía no tener fin. ¿vosotrxs qué creéis?

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